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11/6/15

El miedo como mecanismo de defensa *


El miedo como mecanismo de defensa

El “miedo” es un sentimiento de los más incomprendidos, aun por especialistas de la salud mental. Los escritores de libros de autoayuda lo consideran un sentimiento propio de cobardes. Y estos gurúes de la autoayuda les prometen a sus lectores erradicarles el miedo por completo.

¡Enorme insensatez es no ubicar al miedo en su justa dimensión! El miedo es un sentimiento de angustia ante la proximidad de algún daño real o imaginario. Y si queremos comprender a cabalidad este sentimiento, tenemos necesariamente que entenderlo desde sus orígenes. Como sabemos, los actuales seres humanos somos sólo una especie de las miles de especies de monos y simios que han existido a través de la evolución, habiendo sobrevivido solamente ciento noventa y tres de estas especies. Los abuelos de estas miles de especies surgieron hace aproximadamente seis millones de años.

La actual especie humana es el resultado de una de las ramas de esa evolución primaria, con una antigüedad de seis millones de años. Como sentimiento, muy probablemente el primero que experimentaron nuestros ancestros, fue el del miedo. Esos ancestros vivían en los arboles, dada la peligrosidad de otros animales que vivían en la tierra. Tardaron varios millones de años para abandonar los árboles y vivir en la tierra y las montañas.

Si el miedo no hubiera sido el primer sentimiento de esas miles de especies de monos y simios, las ciento noventa y tres especies que actualmente viven (siendo el hombre una de ellas), no existiríamos. Como seres biológicos, el sentimiento que mayor utilidad le ha reportado al ser humano ha sido el del miedo. Muy probablemente, a los niños de unos cuantos meses, el sentimiento más intenso que padecen es el miedo a ser abandonados por sus padres. Y seguramente, el segundo sea el de caerse.

Nuestra biología, cuando siente algún malestar físico, dado que somos seres racionales, le avisa a nuestro cerebro, y éste empieza a producir inquietud, zozobra, ansiedad y, finalmente, miedo. Un fuerte dolor físico que percibamos como anormal nos atemoriza. Y cuando percibimos que nos encontramos en una situación de “riesgo”, ya sea ante una amenaza a nuestra integridad física o moral, un probable peligro para alguno de nuestros seres queridos, una amenaza a nuestra seguridad económica, etc., nuestras hormonas empiezan a generarnos miedo, en diversos grados, desde leve hasta muy intenso.

El origen de nuestro miedo por cualquier tipo de situación tiene una raíz esencialmente genética. Ese miedo de nuestros antepasados de hace millones de años se nos ha trasmitido a través de toda la evolución. En este sentido, la esencia del miedo no es la prueba de un sentimiento de cobardía, sino que se constituye en el aliado más fuerte de nosotros, un “mecanismo de defensa” que nos alerta de que algo mal nos está sucediendo o nos puede acontecer.

La ausencia de miedo no es un virtud, sino la prueba de una patología mental, o la prueba de un vicio moral, como cuando sucede en el caso de conductas nuestras “temerarias”. Somos a veces temerarios, no porque seamos valientes, sino por el hecho de que no sentimos miedo. Y quien ha perdido la capacidad para sentir miedo ha hecho a un lado a su más poderosos aliado: a su “mecanismo de defensa” que lo está previniendo de un inminente peligro de algún tipo.

Ahora bien: el miedo puede ser la consecuencia de un próximo peligro “real”, pero también pude ser el resultado de un peligro que sólo existe en la imaginación del que lo teme y sin ninguna base en la realidad. Si no obedecemos las señales de alarma de que algo anda mal en nuestro cuerpo, podemos poner en riesgo nuestra salud, y aun, nuestra propia vida.

Un genial médico inglés, Walther Cannon, fue el que acuñó la frase de “Lucha o huida”. Es decir, cuando nos enfrentamos a un problema real o imaginario, tenemos dos opciones, o bien, luchamos, o huimos. La huida es el resultado de un miedo que puede ser la mejor opción en algunas circunstancias.Critilo nos sugiere que si queremos ser más felices y exitosos en nuestra vida, lo primero que debemos hacer es comprender a cabalidad el sentimiento del miedo. Las dos próximas columnas serán una continuación.
-elsiglodedurango.com.mx-

22/8/13

Tienes Problemas? *


Tienes Problemas?

  • Un problema a los 5 años puede ser que mamá no te compre un juguete.
  • Un problema a los 9 años puede ser que se te desinfle la pelota.
  • Un problema a los 15 años puede ser reprobar un examen.
  • Un problema a los 20 años puede ser que el muchacho que te guste, no guste de ti.
  • Un problema a los 30 años puede ser la gripe de tu bebé.
  • Un problema a los 40 años puede ser quedarte sin trabajo.
  • Un problema a los 60 años puede ser tener a los hijos lejos.
  • Un problema a los 80 años puede ser una enfermedad.

En cada etapa de nuestra vida podemos vivir los problemas dramáticamente.
Sin embargo... ¿Qué tamaño tienen esos problemas, si los miras a la distancia?
Algunos casi desaparecen
¿Hacía falta preocuparse tanto?
¿Hacía falta quedarse sin dormir?
¿Hacía falta hacerlos tan importante?
¿Cómo hubiera sido un comportamiento mas efectivo?

La preocupación no vacía el mañana de problemas; vacía el hoy de su fuerza.
Observa con cuidado los grandes problemas, pues disfrazan las grandes oportunidades.

La palabra problema no solo tiene una connotación negativa, sino que hace referencia a algo que ocurre y está afuera de nosotros. Pareciera que no tenemos nada que ver con ellos. Simplemente suceden...
Sin embargo, otra mirada podría ser verlos desde nuestra posición de responsabilidad.
¿Qué hice yo para que se desinfle la pelota?
¿Qué hice yo para reprobar el examen?
¿Qué puedo hacer yo para atraer al muchacho?, o
¿Para qué interpreto que eso es malo?
Cuando volvemos la mirada hacia el observador que somos, podemos ver que el "problema" deja de vivir afuera para pasar a existir en nuestra interpretación.

Ver lo que te sucede como un problema es sólo ver una parte de lo que te pasa.
La otra parte sería poder ver la posibilidad que se te revela, y el desafío de encontrar el aprendizaje en esta oportunidad.

Cambiando nuestra mirada se abren para nosotros posibilidades que antes no existían:

  • Cambiar la interpretación n por otra que nos sirva.
  • Observar de qué manera podemos hacernos cargo de lo que ocurrió.
  • Considerar qué vamos a hacer en el futuro con eso.

Algunas veces ocurren hechos que no pueden ser reinterpretados, los observamos como negativos... ¿Pero cuánto tiempo nos vamos a quedar en esa emocionalidad? , o
¿Qué vamos a hacer a partir de eso?
Es una elección que nos pertenece y nos da poder.

La felicidad no es la ausencia de problemas, sino la habilidad de salir adelante con ellos.

Podemos ver alguna relación entre la forma de interpretar los problemas y la manera de lograr objetivos :

  • El perdedor se siente parte del problema, el ganador siente que es parte de la solución.
  • El perdedor ve un problema en cada solución, el ganador ve una solución en cada problema.

La vieja formulación de los problemas suele dejar un solo curso de acción, que es el de resolverlo, mientras que la nueva postura se inclina más por reformularlos que por resolverlos.
Si cambiamos la interpretación que lo constituye podemos estar frente a una oportunidad.
Sostenemos que muchos de los "problemas" que vivimos a diario se disuelven como tales o se convierten en oportunidad de aprendizaje si variamos el juicio y la interpretación que los sostiene.

20/9/09

PSICOLOGIA POSITIVA : LA CIENCIA DE LA FELICIDAD Y LAS FORTALEZAS HUMANAS *


PSICOLOGIA POSITIVA : LA CIENCIA DE LA FELICIDAD Y LAS FORTALEZAS HUMANAS

Tras mucho tiempo dedicado a estudiar los aspectos patológicos del ser humano, la ciencia psicológica ha comenzado a centrarse también en lo positivo. Un viaje apasionante que nos llevará a un conocimiento más profundo del ser humano y al redescubrimiento de sus fortalezas.

El estudio del bienestar y la felicidad fue, hasta finales del siglo XX, un lujo prohibitivo dentro del mundo científico. No sin cierta lógica, durante mucho tiempo se pensó que la ciencia psicológica debía centrarse en solucionar males como la depresión, las fobias, o los problemas sexuales. Como un efecto secundario de esta hiper-focalización en el ser humano con problemas, se fue generando una concepción esencialmente patológica del mismo: Salvo contadas excepciones todas las personas parecían estar llenas de conflictos inconscientes, de déficit de habilidades, de tendencias perversas más o menos reprimidas... etc.

Sin embargo, durante mucho tiempo nadie se percató de que estas partes oscuras –la sombra lo llamaban algunos- eran en la mayoría de las ocasiones una parte pequeña en comparación con los aspectos positivos que también estaban presentes aunque en un segundo plano. Los psicólogos y psiquiatras habían sido entrenados sólo para ver lo negativo y lo disfuncional, y en consecuencia, muchos eran absolutamente incapaces de ver ningún aspecto positivo en las personas a las que trataban. Ahora, por suerte, las cosas han empezado a cambiar. Ahora empezamos a ser conscientes de que la mayoría de hombres y mujeres, aún con aspectos siempre mejorables, de lo que estamos realmente llenos es de potencialidades positivas. En resumen, el primero que debía haberse tratado de pesimismo patológico... ¡era el profesional y no el paciente!

El psicoanálisis, aunque en su momento aportó una visión muy novedosa de algunos procesos mentales, ha sido probablemente también muy responsable de este negativismo en la concepción del ser humano. El lenguaje escalofriante con el que a menudo se describían los problemas de la gran mayoría de los pacientes es una prueba de ello: pulsiones orales y anales, deseo de matar al padre, miedo a la castración, deseos narcisistas,... Como se puede ver, no son más que exhibiciones gratuitas de lenguaje siniestro que por desgracia empañaron las, en ocasiones, geniales intuiciones de Sigmund Freud. Desde entonces la tarea ha sido, entre otras muchas, desandar el camino andado y construir un lenguaje que sea más ecuánime y más justo con el ser humano. Recogiendo la inestimable influencia de los psicólogos humanistas de mitad del siglo XX –Carl Rogers y Abraham Maslow fundamentalmente–, cada vez es más habitual que los psicólogos hablemos de fortalezas, de bienestar, de desarrollo, de satisfacción, de resiliencia o de salud. Curiosamente, este movimiento de distanciamiento de lo negativo también se ha venido produciendo en el ámbito de la medicina la cual está ahora mucho más volcada en conceptos como la calidad de vida, el fomento de la salud y la prevención,...etc.

Dentro del ámbito de la psicología en los últimos años se ha constituido una corriente especializada en este tipo de aproximación al ser humano llamada Psicología Positiva, encabezada en Estados Unidos por Martin Seligman de la Universidad de Pennsylvania. En parte como consecuencia de este movimiento, en las universidades se está haciendo la aplicación de la ciencia para explorar cuáles son los rasgos que hacen que unas personas estén más satisfechas con su vida que otras, o los factores que permiten que una persona pueda superar de una forma sana una pérdida o una situación traumática. Una de las iniciativas de este profesor en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid es la página www.psicologiapositiva.org en donde se ofrece información sobre este movimiento, y una amplia variedad de test para realizar de forma gratuita que además ofrece los resultados comentados de forma instantánea.

En cuanto a la investigación desarrollada, una de las aplicaciones más interesantes de la psicología positiva es que empezamos a conocer algunos factores que nos indican de forma tentativa algunas vías hacia la felicidad. Por ejemplo, sabemos que los aspectos interpersonales juegan un papel fundamental; de hecho, en la mayoría de estudios aparece como el predictor más importante del bienestar. Parece, por tanto, que invertir tiempo y esfuerzo en construir una red de relaciones sanas y con un alto grado de intimidad y confianza es una de las vías más seguras hacia el bienestar.

Por otra parte, la actitud en nuestra vida cotidiana puede ser otro factor muy destacable. Por ejemplo, el optimismo se ha revelado como un factor importante tanto para el bienestar mental como incluso para la salud física. Una actitud abierta a las pequeñas gratificaciones cotidianas también parece tener influencia en la sensación de bienestar global a largo plazo. Por otra parte, trabajar para aumentar nuestras experiencias de concentración y absorción en la tarea que tenemos delante (“flow”), como la búsqueda de un mayor sentido vital en nuestras vidas son también fuentes importantes de satisfacción.

En resumen, la ciencia psicológica cada vez se está centrando más en investigar las fuentes del bienestar y la satisfacción, y en devolvernos una imagen más equilibrada del ser humano a nivel psicológico reflejando no sólo las debilidades sino también las fortalezas. Esperemos que los frutos de estos esfuerzos de investigación sean aprovechados para que de alguna forma puedan favorecer la construcción de una sociedad mejor, más positiva y más sana

20/7/09

Autoayuda: entre la literatura y el marketing del yo *


Autoayuda: entre la literatura y el marketing del yo

Los lectores más apasionados coincidirán en que es posible experimentar estados emocionales como la alegría, la melancolía, la excitación y la relajación a través de la lectura de un libro. Los más pragmáticos dirán que de lo que se trata es de poder controlar esos estados a través de los enunciados de un libro. De un lado, quienes entienden la lectura como una acción en sí misma. Del otro, los que sólo la ven de un modo utilitario, como un medio para alcanzar un fin; en este caso, la dominación del cuerpo y sus expresiones a través de la doctrina de la mente.


La comparación no trata de enfrentar a la literatura con los libros de autoayuda, ni de menospreciar a estos últimos. Intenta, por el contrario, ayudar a entender por qué cada día hay más lectores para esta categoría; reflexionar sobre lo que buscan en los libros y lo que encuentran; conocer lo que ofrecen los autores, lo que creen las editoriales y lo que facturan las librerías.

Recetas y Resultados: Todos los años, desde 2003, la mitad de los títulos más vendidos en la Feria del Libro son de autoayuda.

Desde la 29ª Feria del Libro de Buenos Aires, en 2003, se da el mismo fenómeno: de los veinticinco títulos más solicitados, la mitad son de autoayuda. Y esta avanzada no es sólo un hecho local: en otros países latinoamericanos, los de autoayuda representan uno de cada cinco libros vendidos. Aunque los datos disponibles son fragmentarios, la tendencia sigue mostrando un alto consumo del género, cuyos títulos –dos de cada diez– encabezan las listas de best sellers tanto en Latinoamérica como en algunos países de Europa y, sobre todo, en los Estados Unidos. De la comparación de los datos relevados surge que de Europa Occidental, España es el país con mayor consumo de autoayuda, mientras que la Argentina supera mínimamente a México como principal mercado de literatura para la autosuperación.

Para el pastor general del Ministerio Presencia de Dios, Bernardo Stamateas, es lógico que “no se dé en un solo lugar, tiempo o espacio, porque la búsqueda de la superación personal ha existido siempre y está relacionada con ese deseo de crecer, de superarse, de expandirse” no se distinguen límites ni fronteras porque “la gente no sólo quiere resolver su queja, o su dolor, también pretende vivir una vida interior de paz”.

Él encarna la prosperidad de la temática. Con mensajes simples logró publicar casi 40 libros a un ritmo acelerado que tomó más impulso cuando uno de sus títulos entró en la casa del reality show Gran Hermano a modo de estrategia. La ganadora de esa emisión, Marianela, aseguró que fue su bibliografía la que la guió hasta salir última de la casa. Entre otros famosos, Susana Giménez también se asume como lectora de Stamateas.

Entre las peculiaridades de la cultura de nuestra época, el crecimiento de esta literatura se revela como un hecho de excepcional envergadura, cuya significación ha sido hasta ahora escasamente estudiada. Vanina Papalini es investigadora del Conicet en la Universidad Nacional de Córdoba. Según sus propias palabras, se ocupa de analizar “cómo la literatura de autoayuda tiende a exacerbar el individualismo, pregonando la idea de la autosalvación por la vía del cambio personal”.

Al tipificar al lector, Papalini encuentra cierta diversidad en sus tipos; los divide entre los que buscan resolver problemas personales, los que van hacia los dilemas familiares y quienes buscan textos más existenciales que les ofrecen un apoyo, una guía, un plan para la vida. “Muchos lectores vienen de experiencias de psicoanálisis que no les resultaron efectivas, otros de búsquedas religiosas y hay un tipo de lectores que persigue la idea del éxito y busca fórmulas, recetas, guías prácticas para alcanzarlo”. Al reflexionar sobre el sentido de esta bibliografía, la define como “un producto propio de la cultura masiva, que comparte sus rasgos esenciales con el modo de producción en el que está inmersa: la serialidad de su producción, la estereotipación de contenidos y una decisiva orientación hacia el consumo”. La autoayuda es, para Papalini, un producto propio de la cultura masiva, que comparte sus rasgos esenciales: la serialidad de su producción, la tendencia a estereotipar contenidos y una decisiva orientación hacia el consumo “forma a los sujetos en conveniencia con la reproducción social actual”.

Para el crítico literario Jorge Panesi, “lejos han quedado aquellos tiempos en los que la gente salía a leer a las plazas los fines de semana, y visitar las librerías conformaba un hábito familiar. La lectura dejó de ser un hábito necesario y placentero, para transformarse en un búsqueda de respuestas”. Es ahí donde, para él, reside parte del éxito de los libros de autoayuda: en el manejo de un lenguaje supuestamente universal que, a su entender, “es limitado y banal. En lugar de catalogarse como literatura, debería figurar como entretenimiento espiritual”.

Los límites de lo que se entiende por literatura de autoayuda se definen en el interior del mundo editorial, y aunque parece sólo una etiqueta formal, ahí también se discute y queda al descubierto cuál es hoy el rol de la lectura. Diana Paris, como gerente editorial de Ediciones B, asegura que la tendencia actual dentro del mercado editorial es “generalizar la etiqueta de autoayuda, poner todo lo que cabe en esa etiqueta como recurso de marketing”. Según Paris, no es lo mismo espiritualidad, esoterismo, recetas para vivir mejor, consejos o divulgación filosófica; aunque confiesa que las diferentes editoriales clasifican sus temas y autores bajo ese nombre genérico, que sirve para orientar a un tipo de lector haciendo un recorte temático.

“Para Ediciones B, la Colección Milenium es genuinamente espiritualidad; los best sellers del pastor Bernardo Stamateas pueden leerse como autoayuda y son libros de gran llegada por su lenguaje claro para aliviar conflictos existenciales o temas traumáticos”, explica Paris al diferenciarlos de “los libros de la psicóloga Patricia Faur, que son de divulgación científica, y sin embargo muchos lectores sienten que pueden encontrar en sus páginas información y consejos para una vida con mayor bienestar en cuanto a las relaciones de pareja, los celos, el amor”.

Luego de toda la explicación formal, comenta con Acción que «nunca faltan los lectores que ven en una buena novela o un ensayo revelador la mejor autoayuda que pueden tener frente a un tema delicado». Y se confiesa: “Para mí no hay mejor autoayuda que la literatura; en definitiva, es más una clasificación comercial porque el efecto de la lectura siempre es personal”.

En primera persona

En los libros de autoayuda, constantemente se subraya una intencionalidad pedagógica que se transmite a través de los saberes más universales: el de tipo científico y el religioso. Abundan las remisiones al discurso de la ciencia, desde la psicología a la teoría de sistemas, y son frecuentes las menciones a las “capacidades desconocidas de la mente”. Desde las concepciones más espirituales, se apela a un fundamento más humano o de orden cósmico. Y se suelen incluir tests que le permiten al lector diagnosticar su situación y evaluar sus progresos, proponiendo un espacio de interacción directa entre el texto y el lector.

Todos plantean una nueva manera de entender la vida, de percibir el mundo, de relacionarse. Y la mayoría lo hace a través de la construcción de un relato vivencial, intentan llegar a la gente exponiendo historias que asumen como propias. En la presentación del best seller Las leyes espirituales queda tipificada la manera, al parecer efectiva, de llegar a los lectores: “Su autor (Mark Fisher, un millonario canadiense), a causa de una profunda experiencia personal que transformó su vida, inició un viaje interior, individual, sin alinearse con ninguna religión ni tradición, y así, en sus enseñanzas, transmite un mensaje simple pero profundo, con la claridad y la sencillez atemporal de los antiguos maestros espirituales. Su poder reside en su experiencia personal, en el hecho de saber de forma directa y de ser capaz de transmitirlo”.

La mayoría de los autores borran las marcas ficcionales como recurso de autentificación de la obra. “Aquí se revela el parentesco entre la literatura de autoayuda y los mensajes de los medios, sobre todo cuando los medios relatan determinados acontecimientos a través de sus protagonistas o de sus testigos directos”, apunta Papalini, y asegura que con este recurso “son capaces de generar efectos de verdad y certeza, aun en la incertidumbre que caracteriza a la actualidad y hacen una torsión del relato del “yo” al “tú”, buscando intencionalmente provocar identificaciones”.

Los libros de autoayuda se basan en el testimonio, en el relato de la experiencia, en el acontecimiento disruptor, que cambia para siempre la manera en que se vive y se presenta como la única vía de acceso a un nuevo modo de vivir. Cuando no se trata de la narración personal de boca de los autores, se apela a la narración biográfica en boca de otros que le confesaron al escritor sus penas en distintos ámbitos. Hay situaciones repetitivas: el gabinete de terapia del licenciado Gabriel Rolón, un curso de Osho, maestro espiritual hindú, un viaje del escritor Eduardo Punset o charlas ocasionales del líder espiritual Yoshi Kalpa. Estas situaciones son las más comunes. Hay también casos en los que el narrador aparece más místico, en actitud de búsqueda, y se encuentra con estos relatos de las vivencias ajenas en su intento por explorar el alma humana.

Al hablar de cómo es capaz de producir tantos libros, Stamateas confirma la teoría: “Mis escritos son el resultado del contacto que he tenido con cientos de personas con diferentes problemáticas, los problemas que más me plantearon fueron luego charlas y conferencias y de esas charlas, los temas de más repercusión ahora son libros”.

“La riqueza de la vivencia es reducida; es expurgada de lo singular que pudiera tener para sintetizarse en recetas, decálogos o instrucciones de alcance universal”, opina Papalini, y fundamenta su percepción: “La experiencia ulterior a la que conducen es una seudo experiencia: es una experiencia sin riesgos porque ya ha sido probada, sin experimentación porque se siguen los pasos prefijados y sin angustia ya que su finalidad es producir una sensación de dicha a través de la red microscópica que el texto teje”.

Yo sí puedo solo

La construcción narrativa que señala Papalini es la médula que rige a la literatura de autoayuda, el rasgo saliente para identificarla como género. De ella surge una promesa que se hará efectiva más allá del acto de la lectura: si el lector sigue el camino prefigurado por la obra, conseguirá un bienestar sedante ofrecido como felicidad en la totalidad de su existencia personal.

Uno de los libros más vendidos en los últimos años fue Padre rico, padre pobre, un trabajo que se construye sobre la idea de que siempre se puede ser un triunfador, y esta posibilidad, que se plantea como universal, sólo depende de uno mismo. Supone que no hay condiciones previas como el lugar de nacimiento, la familia, la educación, que quiten o sumen posibilidades. No existen desigualdades sociales que minen el desarrollo de unos y potencien el de otros.

“Cuando ponemos en práctica lo que se explica en este libro, encontramos dentro de nosotros alegría y realización, pero sobre todo conciencia de nosotros mismos, de una nueva manera de entender la vida y de percibir el mundo, de responsabilizarnos por nuestros actos, palabras, pensamientos y sentimientos; en definitiva, de nuestra vida, he aquí lo que trata enseñar”. Así presenta su libro Sé feliz, el poder de ser consciente el escritor español Raú de la Rosa. Se trata de publicación de 2006 pero, “debido al gran éxito que tuvo entre el público que experimentó su propia evolución interior”, Ediciones I lanzó en 2007 El poder de ser consciente, una recopilación de la parte más práctica: un resumen para obtener los mismos efectos leyendo menos.

En el ejemplo hay dos ideas que aparecen en toda la literatura de autoayuda, a pesar de que los temas y las formas difieran: la efectividad del texto y el poder individual del lector. No importa si se habla de los celos, de la maternidad, del dinero, la salud, la profesión o las terapias alternativas; todos los textos le hablan a un individuo que es capaz de resolver el problema que lo desvela por sí solo, modificando sus acciones, sin injerencia de su entorno. Al llamar a los individuos a hacerse cargo de sí mismos, se privilegia la acción individual por sobre la colectiva. Las acusaciones se trasladan de la esfera pública a la privada, se le dice al sujeto que tiene que encargarse de sí mismo, de su propia situación vital, como si las condiciones sociales en las que vive no tuvieran ninguna importancia. “La disolución de las instituciones fuertes como instancias constitutivas de la subjetividad provocan un vacío de sentido que deja al individuo a la deriva, librado a sí mismo y en una situación de angustia, de competencia y evaluación permanente”, reflexiona Papalini al contextualizar la racionalidad de esta supuesta solución individual.

La investigadora relaciona la búsqueda de soluciones de manera solitaria con la ausencia “de un horizonte histórico-social que dé sentido a las trayectorias personales. Esta situación de aparente mayor libertad demanda una gran autonomía emocional, puesto que toda decisión depende de uno mismo, de allí que la presencia de la subjetividad en la escena contemporánea cobre una fuerza inusitada: en esa esfera no sólo se espera dar resolución a la vida personal sino también a la problemática social que es asumida en términos individuales”, explica.

El sociólogo estadounidense Richard Senté coincide al analizar los efectos de la vida urbana en los individuos y la forma en que las transformaciones en el trabajo repercuten de manera subjetiva, “ya que la ausencia de una pauta prefijada para la acción y la asunción solitaria de riesgos genera la ansiedad de no saber qué caminos seguir ni las consecuencias que tendrán las elecciones individuales a las que debe someterse el sujeto en cada encrucijada”. Una aparente mayor autonomía encubre mecanismos complejos, que tienden a distribuir democráticamente los perjuicios de los “caminos erróneos” con la consecuente socialización del fracaso, y a concentrar en unos pocos los beneficios del éxito.

El individuo se encuentra cara a cara con un destino solitariamente personal, sin mediaciones, sin instancias intermedias y sin proyecto colectivo. Y se apela así a la transformación de la vida de las personas de la misma manera en la que se concibe el mercado: por la autorregulación. Según el resultado de la investigación de Papalini, la lectura de autoayuda se funda en esta concepción y genera “individuos omnipotentes, que creen poseer la clave para resolver todos los problemas en sí mismos, pero también personas negadoras, que edulcoran su realidad y anestesian los conflictos”.

En efecto, otra idea que suele estar presente en la literatura de autoayuda es la negación de los conflictos o la propuesta de evitarlos constantemente. Se tratan en especial los que atañen al trabajo, las relaciones sociales y las familiares, con la idea principal de aminorar el malestar individual en pos de evitar el desorden general. “Ningún conflicto es percibido como social; la responsabilidad recae sobre el sujeto mismo, sobre el lector, y eso tiende a exacerbar el individualismo, el salvarse sólo por la vía del cambio personal o la adecuación a la nueva situación”, sostiene Papalini al identificar que al poner toda la carga negativa e individual sobre el conflicto se ciega que de la lucha surge el cambio y que la transformación es colectiva.

De lo que se trata, dicen, es de aprender a cambiar. Bajo esta premisa hacen sus propuestas para una vida más plena en la que el éxito aparecerá aun cuando esté momentáneamente ausente. Llaman a estar preparado, en estado de alerta, para los retos de un mundo inestable, con un campo laboral que se caracteriza por la flexibilidad, el cambio constante, la pérdida del lazo social que articulaba al individuo con el grupo, la competencia y la evaluación permanente.

“Esta actitud de acecho permanente es la que permite adaptarse a una naturaleza inestable del mundo del trabajo”, asevera Papalini al definir el continuo estado de alerta como una actitud animal, poco humana, propia de trabajadores que sólo persiguen el objetivo de adaptarse adecuadamente. “El instinto y la capacidad de reacción son fundamentales en esta carrera; cambiar, adaptarse a los nuevos tiempos con rapidez, olvidar las viejas convicciones, son las recetas para el éxito, que depende, una vez más, de cada uno”, define.

Belén Canavire es becaria del Conicet. Su tema de investigación, “La literatura de autoayuda: una lectura desde la comunicación” está recién madurando, pero su análisis ya tiene un gran anclaje en la relación de estos textos con el sujeto que forman para el mundo del trabajo. “Una de las funciones de la literatura de autoayuda es generar la necesidad de superación constante, bajo una ficticia promesa de que si cada uno acrecentara su iniciativa personal y aumentara su rendimiento, podría alcanzar una mayor independencia frente a sus superiores en el ámbito laborar”, describe Canavire, y explica que “aunque estas representaciones aparenten una emancipación de los trabajadores, su finalidad implícita es lograr una mayor predisposición de los sujetos a identificarse con sus respectivas empresas y, de esta forma, permitir que las compañías obtengan mayores beneficios redituables”.

Ahí entra la infaltable noción del éxito que, según los autores, tiene distintas connotaciones. En los libros que apuntan a cuestiones de la vida familiar o personal, el éxito consiste en “sentirse bien con uno mismo”, sea cual fuere la situación en la que se esté. Cuando se trata de libros orientados al mundo del trabajo, el éxito es una medida de logro en el entorno competitivo. Y no necesariamente se asocia al crecimiento u obtención de posiciones en la pirámide laboral; también se relaciona con la influencia sobre los otros, la dirección de proyectos colectivos, el poder, el esfuerzo y el optimismo frente a la adversidad.

Son muchas las definiciones posibles, pero comparten un origen común: parten de un criterio de éxito que se mide en relación con objetivos señalados desde afuera. En este sentido, la literatura de autoayuda incorpora un enfoque distinto: la mirada de los demás, que sanciona el éxito o el fracaso, no cuenta; es uno mismo quien decide sobre la asignación de laureles o cadenas, bajo un criterio puramente individual y aun en contra de otras opiniones. Son cada vez más las grandes empresas que, como Coca Cola, organizan charlas orientadoras entre los autores de los libros de autoayuda y sus empleados. Estos libros y sus recomendaciones pueden cumplir una función no sólo en el interior de la empresa, sino también contribuir a afianzar las formas, más o menos injustas, en las que se organiza la sociedad. Según el análisis de Canavire, los textos de autosuperación pueden, de este modo, considerarse como “un engranaje más del proceso económico-hegemónico que caracteriza al mundo contemporáneo”.

22/6/09

Mente positiva en cuerpo sano **


Mente positiva en cuerpo sano


AUTOAYUDA. Además de generar confianza, detrás de los libros de autoayuda hay una industria millonaria y un creciente nicho de lectores que los necesitan para creer y crecer como personas.


Los intelectuales los desprecian o los ignoran pero los libros de autoayuda cada vez son más leídos en Colombia y en el mundo. El secreto, de varios autores y el último best-seller de ese género en Colombia, ha vendido 120.000 ejemplares en un año, según Orlando Rodríguez, gerente general de ediciones Urano, una editorial española especializada en el tema. Y El secreto, a diferencia de ¿Quién se ha llevado mi queso, otro reciente éxito de ventas (130.000 ejemplares) de la misma editorial en el campo de la autoayuda empresarial, es un libro costoso y con un formato de lujo. Como siempre ocurre en estos casos, lo que ha movido al libro ha sido el boca a boca. Y como siempre ocurre con los libros de autoayuda, se trata de una idea muy sencilla. Eso sí, con el empaque adecuado: los personajes importantes que avalan la propuesta, la aureola histórica.

¿De qué habla El secreto? Del poder de la mente, de pensar positivamente para cambiar la vida, de consejos para lograrlo. El secreto del éxito, guardado a través de los tiempos, es algo a lo cual puede acceder cualquier persona si se decide a entrar en la ley de la atracción positiva: "Eres una torre de transmisión humana y eres más potente que ninguna otra torre de transmisión que exista sobre la Tierra. Eres la torre de transmisión más potente que existe sobre la Tierra. Eres la torre de transmisión más potente del Universo. Lo que transmite crea tu vida y crea el Planeta. La frecuencia que transmite atraviesa ciudades, países e incluso el planeta. Reverbera por todo el Universo. ¡Y estás transmitiendo esa frecuencia con tus pensamientos!".

Los libros de autoayuda -han dicho repetidas veces sicólogos, sociólogos y filósofos- si no sirven, al menos no hacen daño. Y es que proponer el optimismo en vez del pesimismo, en principio, no le hace mal a nadie. El axioma de los libros de autoayuda es irrefutable: una actitud positiva genera hechos positivos. Por eso la gente los busca y por eso se venden en grandes cantidades. "Al final del día la gente necesita algo en lo cual creer", dice Carolina Jaramillo, editora de no ficción de la editorial Santillana.

En un artículo sobre la utilidad de los libros de autoayuda, publicado en el diario Clarín de Buenos Aires, la filósofa Esther Díaz dijo: "En algunos casos pueden ser muy útiles. Conozco personas que mejoraron su calidad de vida con ellos. Es cierto que la gente que los lee probablemente nunca lea algo de filosofía dura, pero esta es una buena forma de entrar al maravilloso mundo de la lectura. Por otra parte, habla bien de una persona buscar ayuda aunque sea así, porque significa que no se dio por vencida. Igual, hay que tener presente que no son mágicos y tienen sus límites".

Sin embargo, aunque partan de la misma premisa, es peligroso generalizar. No todos los libros de autoayuda son iguales, existen matices y calidades. Y no todos los autores quieren ser metidos en el mismo costal. Además, en los últimos años, la autoayuda se ha mezclado con la Nueva Era, la espiritualidad, las religiones orientales y la fábula literaria. "Como en todas las áreas, dentro de los libros de autoayuda hay de todo: desde basura hasta libros que tienen mucho valor. Algo que me gustaba de la editorial en la que trabajaba -no sé si siga siendo así- es que se procuraba mantener un buen nivel dentro de este tipo de libros. Era importante cubrir vacíos del mercado pero con libros que fueran dignos exponentes de su clase. No todas las editoriales tienen esa misma filosofía y por eso se ven las cosas que se ven. En todo caso, lamentablemente no siempre los mejores libros son los que venden más", dice una ex editora de este género que no quiso dar su nombre.

No basta únicamente con querer algo y repetirlo todos los días hasta autoconvencerse, como enseñan ciertos cursos para vendedores. "Las personas hacemos lo que podemos, no lo que queremos", dice el licenciado en ciencias sociales y humanidades Alejandro Marchesán en su libro Comunicación productiva. "Si querer es poder, ¿por qué tantas personas que quieren no logran los resultados que quieren? Si querer es poder… es porque podemos, no porque queremos… Así entonces, si lo que usted quiere… usted puede, maravilloso: pero si quiere y no puede, aquí está el inconveniente". No basta con tener una actitud positiva, hay que identificar muy bien los obstáculos para lograr lo que se quiere y hay que encontrar la metodología adecuada. Parecería ser el grado de realismo, la capacidad de evaluar con exactitud las dificultades, lo que hace la diferencia en este género. Para Natalia García, editora de interés general en Norma, lo importante es tener claro que los libros de autoayuda no son una receta sino una guía, un espacio para que la gente reflexione sobre problemas que no se ha atrevido a verbalizar con el médico o el sicólogo. Por eso, cuando va a publicar un nuevo libro siempre tiene en cuenta la trayectoria del autor.

¿Cuándo empezó el boom de la autoayuda? Para Carolina Jaramillo, en los años 70, con los libros de Louise L. Hay, Usted puede sanar su vida y El poder está dentro de ti. Hay es considerada una de las fundadoras del movimiento de la autoayuda. Usted puede sanar su vida fue publicado en 1976 y su edición fue corregida y aumentada en 1988. Desde la fecha de su publicación este libro fue un best-seller en 30 países y en 23 idiomas. Y todavía mantiene su interés: en Colombia, cada año, editorial Urano vende alrededor de 6.000 ejemplares de él. Técnicas de sanación y filosofía positiva para subir la autoestima. Eso es lo que enseña Louise L. Hay quien, además de ser pionera en la idea de conectar la mente con el cuerpo, descubrió el poder persuasivo de poner como ejemplo de superación su historia personal, marcada por la pobreza, la inestabilidad familiar y el abuso sexual. "Ella aprendió a amarse a sí misma, a dejar ir el resentimiento que era la causa real de su enfermedad. Pudo perdonar a las personas que abusaron de ella, particularmente a su padrastro y a su madre, y pudo sentir compasión por ellos". Y así, 'Ella' se convirtió en una industria de la autoayuda.

Desde entonces son muchos los títulos que han ido ocupando el espacio de las librerías colombianas de una manera significativa: Tus zonas erróneas; Juan Salvador Gaviota; Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus; El alquimista; El monje que vendió su Ferrari; El vendedor más grande del mundo; Las siete leyes espirituales del éxito; Muchas vidas muchos sabios; Pensar bien, sentirse bien; Deshojando margaritas... Cada vez las divisiones encargadas de estos libros aumentan su importancia dentro de las grandes editoriales y por lo tanto se vuelven más influyentes. El público los exige y el mercado manda: hay que competir creando sellos específicos que interpreten la cambiante sensibilidad del momento. ¿En qué porcentaje han aumentado estas publicaciones? Desafortunadamente la Cámara Colombiana del Libro no tiene los datos globales pero es evidente -por la información de las editoriales- su incremento en los últimos años. La búsqueda de la felicidad, el éxito, la salud y la armonía espiritual, siguen seduciendo a los seres humanos.